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Aragón Ene 02, 2014

Reflexiones sobre el informe del Defensor del Profesor









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 Estamos asistiendo en primera fila a un cambio en los paradigmas de la economía, de la sociedad y de la historia. Es inevitable que cambie también la educación y que se exija a los docentes una respuesta rápida a los nuevos retos. Los profesores desempeñan hoy una tarea más compleja que hace unas décadas, deben afrontar nuevos cometidos e incluso asumir competencias que eran hasta ahora de la familia, pero ya no son percibidos como referentes sociales e incluso reciben en primer lugar todos los ajustes presupuestarios como si tuvieran alguna responsabilidad sobre la mala gestión que ha propiciado el endeudamiento público. Ahora bien, sean cuales sean las dificultades de la profesión, ¿es necesario que exista un Defensor del Profesor? Nos lo han preguntado muchas veces.


La respuesta de ANPE es: sí, porque sirve para desvelar los problemas de un colectivo que los sufre en silencio por temor a ver lesionada su identidad profesional; sí, porque ha servido para abrir el debate social sobre la educación; sí porque ha permitido movilizar una conciencia a favor de los docentes que se ha traducido en medidas efectivas y cambios legislativos. El Defensor del Profesor es un servicio de atención inmediata y gratuita para docentes víctimas de situaciones de conflictividad y violencia en las aulas, puesto en marcha por ANPE en 2005, como primera medida de apoyo ante la indefensión del profesorado y como llamada de atención sobre el problema de la violencia escolar. Desde su génesis adivinamos que el Defensor del Profesor iba a responder a una necesidad real del profesorado, más allá de aquellos que nos criticaban en el mejor de los casos como “policías escolares” y después se fueron sumando a favor de la mejora de la convivencia.
En los nueve años que han transcurrido desde su puesta en marcha, la oportunidad y la justificación del Defensor del Profesor se han traducido en los más de 22000 profesores de todos los niveles educativos, de la enseñanza pública y privada, que hemos atendido, en el debate social sobre la conflictividad en las aulas, en la difusión de la misma que han realizado los medios de comunicación y en la atención que las administraciones educativas han prestado a este problema. Han cambiado todas las normas de convivencia y se ha legislado a favor de la autoridad del profesor en todas las comunidades autónomas e incluso se reconoce ya en el articulado de la LOMCE.
 ANPE acaba de presentar el noveno informe anual del Defensor del Profesor, correspondiente al curso 2012-2013. Destacamos especialmente en este informe dos datos fundamentales. En primer lugar, el aumento de la incidencia de los casos en los maestros de Primaria, que se igualan así en cuanto a niveles de conflictividad con los de Secundaria. Consideramos que este alarmante dato alude claramente a la incidencia de los recortes en los programas educativos de apoyo y de compensación, así como a la disminución de profesores y el aumento de las ratios. Tal como ANPE ha venido avisando, los recortes en educación han estancado los avances en la mejora de la convivencia en las aulas.
El segundo dato alarmante es el repunte de los casos en los cuales los docentes se plantean abandonar la profesión. Este año el porcentaje se sitúa en un 8%. Era un 7% en el informe del año 2011/12 y un 4% hace dos años. Este indicador expresa claramente la desmotivación que comienza a extenderse por la profesión docente y que en buena parte achacamos a la incidencia de los recortes en el aumento de horas lectivas y de ratio. En este sentido también, el Defensor del Profesor se hace eco del descrédito hacia la profesión docente que generan las declaraciones desafortunadas de algunos administradores públicos y que han golpeado a la dignidad profesional tanto como los recortes lo han hecho a las condiciones laborales.
A la vista de estos resultados, ANPE sigue convencido de la necesidad de elaborar un Estatuto Docente. Este documento, si es capaz de partir de los derechos consolidados, podría suponer un apoyo al reconocimiento social de la docencia, traducido por supuesto en una carrera profesional incentivada económicamente.
Por nuestra parte, y para incidir aún más en la valoración de la profesión docente por parte de la sociedad, acabamos de presentar la campaña “La verdad de la profesión docente” que incide en este mensaje de dignificación. Y es que el compromiso con la mejora de la convivencia escolar y con el reconocimiento social de la tarea docente es una seña de identidad clara de ANPE, que ha sabido convertirse en este aspecto, como en tantos otros, en un verdadero referente.


#Histórico

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